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El domingo 17 de enero yo (Hilary) tuve el gusto de pasar el día entero en uno de mis espacios culturales locales favoritos, La Galera Teatro, proyecto del ilustre chef, actor y director excepcional, René Lobo. Sin embargo, esta vez no llegué para degustar los deliciosos paninis vegetarianos de René ni para disfrutar de una obra de teatro original; esta vez vine con casi 20 otros fans de la cocina para un taller de cocina y práctica vegana impartido por Attilio Altieri, un italiano y “evangelista” del veganismo radicado en Guatemala.

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René Lobo (arriba, hacia el centro) en La Galera Teatro de San Salvador

El grupo estaba compuesto por una asombrosa diversidad de personas, gracias en parte al costo relativamente accesible ($15) y una ubicación digámosle no exclusiva del evento. Mi esposo y yo nos unimos al grupito de jóvenes italianos, bohemios locales, padres de edad mediana con sus hijos pequeños y veganos militantes en la pequeña y acogedora cocina de La Galera. La buena asistencia y el entusiasmo palpable del grupo es un buen augurio para el futuro de la cocina alternativa en San Salvador, y ambas propiciaron un ambiente divertido, cooperativo y relajado esa tarde.

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Attilio Altieri

Attilio comenzó con una introducción cautivadora sobre las razones éticas, ecológicas y de salud por las cuales eligió un estilo de vida vegano. Se refirió al veganismo como “práctica” o en forma de verbo en vez de como una condición de ser- es decir, alguien “practica el veganismo” o “come vegano” en vez de “es vegano/a”. A continuación Attilio nos cuenta en resumen, en sus propias palabras, sus motivos por compartirnos su práctica:

Pues yo comencé con la alimentación vegana después de ser vegetariano por un periodo de tres años. Y comencé a profundizar más [en] lo que es la producción de la carne, de cómo tratan los animales, de la esclavitud, de la explotación que se hace en las granjas de vacas, cerdos, pollos, entonces estaba en la búsqueda de un camino de no violencia. Buscaba la forma de alimentarme de manera menos violenta. Entonces, como tratar de hacer que el proceso de alimentación diaria no contemplaba ni matar animales, ni explotarlos ni reducirlos a esclavitud. Entonces para ser más coherente con esto la única solución era de eliminar cualquier deriva de animal, verdad, no solo carne, pescado y cerdo, sino también huevo, lácteos, queso, entonces, asi comencé hace nueve años a comer vegano. Y tuve un par de pausas vegetarianos pero ahora ya son varios años que como vegano. Y la idea de los talleres es de difundir esta práctica, darla a conocer, y también hacer un trabajo que sea más interesante, osea, no volverse esclavo de alguna industria como hacen muchos empleados, sino hacer algo positivo que da satisfacción a mi, y también que pueda ayudar a la gente a comer mejor, a conocer más sobre su saludo, y también al planeta, reducir el cargo del impacto ambiental de nuestros consumos de nuestra alimentación, que igual tenemos que alimentarnos a diario, pero que por lo menos no sea tan fuerte, tan pesada para el planeta como la producción de carne. Porque sí he visto deforestación en todos lados; en Guatemala, en Nicaragua, en Brasil hay un montón de lugares que ya no son selva, sino son asi, puro portrero o cultivos de cereales para alimentación de vacas. Y también en mi tierra sí ya no hay bosque virgen, es todo cultivado. Entonces sí se mira el impacto ambiental sobre el ambiente, aunque en la ciudad no se da cuenta, pero si hay. Entonces cómo incidir, pues, yo trato de hacerlo de esta forma.”

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Pasamos las siguientes cuatro horas preparando nuestro almuerzo vegano (podés hacerle clic a los enlaces para las recetas de Attilio): tortitas de lentejas, pasta con tomate gratinado, licuados verdes (de piña, jengibre y espinaca) y galletitas de chocolate para el postre. Nos trajo todos los ingredientes y acentuó el proceso de cocina con una serie de recomendaciones y explicaciones en cuanto al uso y opciones de harina de trigo (cuidado con las etiquetas falsas de “harina integral”), aceite de cocina (buscá los que tengan poca o nada de grasa saturada, usá lo menos posible), azúcar (usá panela) y más. Attilio fue un maestro gentil y sobre todo, paciente- lo cual es más de lo que se podía decir de mí cuando finalizamos, ya que eran casi las 2:00 PM cuando nos sentamos a almorzar y mi estómago ya casi se había apoderado de todo mi raciocinio.

Debo admitir que me decepcioné con lo que logramos rendir con nuestra labor: un poco de pasta, dos pequeñas tortitas de lentejas, tres galletitas que me las acabé con una mordida cada una y medio vaso de licuado verde. Sin embargo, en defensa de Attilio, él también se inventó una pequeña ensalada y una limonada para complementar la comida.

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Su servidora practicando el principio del desapego frente a la escasez

Aunque nuestras porciones pudieron haber sido menos de lo esperado, la compañía las compensó mil veces. Y claro, las recetas de Attilio valen la pena recomendar: Aunque no me impresionó la pasta y el licuado verde, las tortitas de lentejas fritas eran extraordinarias, con una textura satisfactoriamente crujiente y un sabor complejo y salado. Las galletitas de chocolate también eran suaves y cremosas y justo en su punto de dulzura. Al fin y al cabo, fue una linda forma de pasar un domingo, y espero que el éxito de este evento le anime a La Galera de seguir promoviendo alimentos buenos para el cuerpo y el medioambiente con actividades sociales tan placenteras.

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