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El domingo 6 de marzo, mientras los metaleros peludos de toda Mesoamérica vestidos de negro y con cerveza en la mano llenaron las calles de San Salvador en su peregrinaje al concierto histórico de Iron Maiden, yo me fui hasta Santa Tecla para una escena muy diferente: un festival de comida vegetariana patrocinada por la comunidad Hare Krishna de El Salvador (International Society for Krishna Consciousness, o ISKON en inglés) en el Centro Cultural Hare Krishna.

Resulta que la linda gente de ISKON El Salvador abren sus puertas una vez al mes para vender su comida vegetariana hecha en casa al público, y aprovecho para invitarle a todos a conocer cuando tengan chance. El espacio es hermoso: una grande y antigua casa tecleña con un patio amplio y abierto al centro lleno de flores, plantas y luz. Además, la gente es muy calurosa y amable–no amable tipo “secta rara”, sino que genuinamente generosa y simpática.

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Pues antes de todo: ¡la comida! El almuerzo se sirvió estilo comedor. Toda la comida era vegetariana, y aunque las opciones veganas fueron más limitadas, hubo más que suficiente para llenar un plato.

Definitivamente, la oferta fue más carbohidrato que otra cosa, pero logré hacerme un plato bastante balanceado con sopa de lentejas y verduras, vegetales al vapor con garbanzos, broccoli empanizado con harina de garbanzo, un fresco de piña y una pelotita de maní con pasas de postre. En total, me costó $6.40, que es mucho más de lo que pagaría por un almuerzo en un día normal, pero mucho menos que cobran los dos restaurantes de comida vegetariana de la India en San Salvador (Swagat y Pakora Hut).

El fresco estuvo, como siempre, demasiado dulce para mi gusto, y la sopa más salada de lo que prefiero. Sin embargo, al fin y al cabo, la comida estubo fuerte y deliciosa.

Al parecer la actividad tuvo buena asistencia, con gente entrando y saliendo hasta bastante tarde. Mientras mi esposo y yo terminamos nuestro almuerzo, un monje educado se nos acercó para preguntarnos qué tal habíamos disfrutado de la comida. Nos contó que la comunidad Hare Krishna de El Salvador tiene 30 años de existencia (él había sido monje desde hace 24 años), pero el Centro en Santa Tecla tenía poco más de 3 años. Aparentemente, antes tenían una finca donde producían toda su comida vegetariana, pero por cuestiones de seguridad en los últimos tiempos dejaron de producir allí. Nos invitó a asistir a sus conferencias semanales (domingos a las 4:00PM) sobre la meditación, el yoga, y la práctica Hindu.

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Un monje agarra a mi pareja en curva y empieza a hablarle de la filosofía Hare Krishna.

También nos invitó a una sala al fondo para tomarle una foto a su maestro y fundador de la secta Hare Krishna, Bhaktivedanta Prabhupada.

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En general, fue una comida placentera y rica en un ambiente bonito y tranquilo. Sería difícil pedir más de San Salvador un día domingo (y en medio de la invasión de Iron Maiden, además). Como una instructora de yoga, personalmente tengo mis simpatías por la tradición Hare Krishna, pero advertiría de meterse con todo en lo que muchos probablemente llamarían una secta. Dicho eso, con toda seguridad les puedo recomendar que hagan el viaje a Tecla para un plato de rica comida vegetariana de la India algún día domingo, y si esto les hace más inclinadxs a llevarse una copia del Bhagavad Gita, pues, ¡mejor!

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